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Sunday, June 4, 2023

Congo, su lucha anti extractivista y cómo no terminar en la boca de un elefante en la selva africana


Quien te acompaña es fundamental para este tipo de experiencia de aventura, Plaisance Vladimir es el mejor.

Por Arturo Massol Deyá


Para llegar al Congo se requiere de un espíritu de despojo verdadero, o sea, deshacerse de los miedos y de las malas ideas que nos han metido en la cabeza. Así llegué, invitado por el 11 Hour Project para compartir la experiencia de Casa Pueblo en un taller de trabajo con organizaciones y ONG’s -principalmente de la vecina República Democrática del Congo- donde sólo el 9% de la población tiene acceso a la energía eléctrica. Ambas son repúblicas jóvenes  vecinas y separadas por  el Río Congo, que después del Amazonas, es  el río más caudaloso del mundo. 

En el taller, además de congoleños y congoleñas, compartimos entre otros con representantes de Camerún, Senegal y África del Sur. Fue ahí que conocí por voz directa de luchadores de derechos humanos sobre Virunga y su histórico Parque Nacional, donde la cultura extranjera colonial y extractivista del petróleo coloca la zona en un conflicto devastador. Es impresionante y doloroso el conflicto en esta zona de vida única y especial. 

Un asunto que merece mucha atención es cómo una hidroeléctrica comunitaria, el acceso a la energía renovable y la capacidad de hacer trabajos que agregan valor añadido con turismo ecológico representan una ruta de desarrollo local alternativo al afán foráneo de explotación. Aquellos que quieran conocer mejor, en Netflix puede encontrar el documental Virunga (Nat Geo). 

De este viaje me llevo muchas lecciones, amistades y otros compromisos que, más que contar, debo integrar al quehacer comunitario. Fui a presentar lo que hacemos en Casa Pueblo como un referente de cambio pero, al final del día, terminé siendo el estudiante del grupo. 

Llegar al Congo no solo requiere descartar advertencias de amigos y familiares, sino también tramitar -con tiempo- una visa de entrada, tener evidencia de vacunaciones contra la fiebre amarilla y el covid, tomar preventivamente malarone para prevenir la malaria y andar con medicamentos que pudieran auxiliar en la ruta como para un resfriado, manejo de infecciones por ingesta de alimentos o agua. En mi caso, fui y regresé ileso. Confieso que sentía más empatía y seguridad allí que en muchos lugares de Arizona o Florida. 

Pero ir al Congo, a cualquiera de los dos, y no adentrarse en la selva sería un viaje a medias. Wild Safari Tours, de gestión local por Ibalank Emerancy Francel, me organizó una visita al Parque Nacional Odzala-Kokoua para, entre otras cosas, encontrarme con la selva y algunos de sus habitantes como son sus gorilas occidentales de llanura, la especie de cocodrilos de hocico delgado en peligro de extinción, antílopes, búfalos y una dominante y espectacular población de elefantes de bosque. Este lugar -Reserva de la Biósfera desde 1977- es uno de los parques más antiguos de toda África.

¿Qué necesitas saber? La empresa de turismo local es fundamental para lograr una experiencia cabal. Aunque el lenguaje para personas como yo es una barrera pues la mayoría habla francés como segundo idioma, algunos hablan inglés con dificultades como las nuestras. Quizás no es evidente en la coordinación, pero luego del viaje cobran sentido muchas cosas que no te explican. 

Un choque inicial son los altos costos de la expedición y pagar en efectivo con billetes altos en buenas condiciones (no aceptan tarjetas de crédito aún). Sin embargo, el recorrido desde la capital Brazzaville al Parque Nacional son 10 horas por una buena ruta. Desde el combustible, la necesidad de dos conductores, un buen vehículo todo terreno que sufrirá mucha tensión en la ruta y durante las trayectorias en la reserva por caminos de tierra, guías intérpretes en el bosque, los que cocinan y atienden las habitaciones, los que se bajan y cortan un árbol que de repente bloquea un camino, costos de entrada al parque, 5% para la comunidad y la importancia de tener pocos visitantes para una buena experiencia (8 personas máximo en el campamento) explican el costo de $2,500 para 3 noches y 4 días. Además, es importante valorar las actividades de turismo de conservación como contraste a la economía de la extracción y exportaciones de recursos no renovables. 



Mientras menos extranjeros haya en la periferia de la selva, mejor será la experiencia. Debe ser paciente, hacer silencio disciplinadamente  y evitar el uso de lociones o perfumes que generen olores para los animales, pues éstos pueden olfatearlo con gran habilidad desde la distancia. Por ejemplo, usé repelente de mosquitos y, cuando un elefante mella’o, o sea, con un solo colmillo, entró a una de las bahías o planicies abiertas, inmediatamente se percató de que algo extraño acechaba. Desde el punto de observación a 80 metros de distancia, quedamos maravillados por la entrada de aquel paquidermo, seguido por una postura de movimientos defensivos que incluía elevar la trompa para orientarla como el periscopio de un submarino buscando dar con la fuente. Este encuentro en el mirador de MOBA, a una hora de distancia en camioneta del campamento base, y tras una caminata de 15 a 20 minutos por el espeso bosque, ocurrió tras casi una hora de observación sin que ningún animal se presentara. 

Paciencia, silencio y disfrute total de la tranquilidad de la selva, de eso se trata. Entró, danzó con la trompa alzada y se retiró rápidamente el enorme elefante, que parece perdió uno de sus colmillos en una de esas batallas del paquidermismo machista ‘tóxico’ fundamental en el proceso de selección natural selvática. Unos minutos después entraría una elefanta con tres crías para tomar agua y divertirse en la piscina central. Una de las crías hizo vigilancia acercándose, hasta que se percató de nuestra presencia y salió corriendo a toda prisa para acercarse a su mamá y hermanos. 

El final de la velada coincidió con la entrada de la noche. Con linternas en la frente habría que hacer la caminata de regreso al camino principal. ¿Qué tal si nos topamos con uno o varios elefantes en medio de la oscuridad? ¿Un búfalo o leopardo? La incertidumbre y los riesgos le añaden mucho a la experiencia. Al día siguiente regresaríamos temprano por la misma ruta desde donde sus huellas frescas y recurrentes evidencian quiénes gobiernan la zona.

Desde la capital Brazzaville, la ruta por la carretera a Odzala-Kokoua te muestra una cara importante del modo de vida congolés con aldeas, pueblos y actividades dominantes retratadas a través de la ventanilla del vehículo. Conmueve  mirar los rostros de su gente. Niños y niñas felices de camino a la escuela, mujeres y hombres trabajando, las caras de la pobreza, de la necesidad y de los deseos de vivir  Construcciones en paja, madera, barro, ladrillo y zinc dominan una arquitectura pintoresca llena de simpleza y humildad. Solo al llegar a Edou -pueblo de origen del ahora presidente- y en otras instancias más, destacarían estructuras grandilocuentes como un absurdo mega aeropuerto que debió costar una fortuna, pero que no guarda proporción alguna con el escaso tráfico aéreo. Enormes edificios de cemento armado así como viviendas para familias pudientes contrastan marcadamente con el resto del paisaje.



Salimos a las 5:00 de la mañana para llegar a eso de las 3:00 de la tarde al portón de la Reserva. En Odzala-Kokoua cabe un Puerto Rico y medio. Guardabosques armados custodian la reserva, que opera como una especie de estructura de co-manejo. Esa tarde fuimos cansados al mirador de Imbalanga a 10 minutos caminando del campamento. Sólo pudimos ver un antílope y un águila africana, pero salí pensando un poco que todo era un tanto performático, inclusive cuando me pidieron no caminar solo y mucho menos salir en la noche. Viniendo yo del campo, donde nuestros bosques guardan ciertas similitudes con esta reserva, pensé que exageraban algo, tal vez por eso de darle una cierta mística de peligrosidad a la experiencia.

En la noche, fui el único poblador del campamento. Los guías y trabajadores duermen a una distancia considerable y debo confesar que los sonidos extraños del bosque con los silencios sin coquíes boricuas intimidaban. A la mañana siguiente, regresamos al punto de observación donde apenas divisamos algunas aves. Pero la paciencia y la suerte se entrecruzan en expediciones como esta. Al terminar el almuerzo, regresó Plaisance Vladimir, un joven guía local que gracias a la divina providencia no es un cazador, de lo contrario, no habría vida silvestre en la zona. Plaisance no habla español ni francés pero es un gran ser humano que lee y habla con la mirada. Sabía o percibía que no andaba convencido. “Dile que venga, que hay un gorila en la bahía”, le dijo a Ibalank y de ahí bajamos a toda prisa en silencio. Con esas ideas contaminadas de la desconfianza que se vive en nuestro país pensaba: “cuando llegue, me dirá que se fue”. Pero no, allí estaba el gorila y estuvo cerca de una hora para ser admirado. Mientras lo espiaba por binoculares era imponente ver su mirada fija sobre la mía. Nos hicimos amigos sin que lo supiera (o quizás sí). 


Al regreso, Ibalank hizo una señal de alto, percibió un olor rancio que luego era evidente para mí mientras  se escuchaban sonidos del crujir de ramas como bajando de los árboles. Pensé con cierto temor que serían los verdaderos amigos del gorila que nos habían emboscado. Ibalank no tenía miedo pero su preocupación estaba escrita en todo su rostro. Me pidió retroceder, todo en silencio. Al rato era evidente que el sonido se alejó y pudimos regresar, no sin antes ver en la vereda estrecha las huellas recientes de un elefante. La posibilidad de toparse con uno allí es muy alta y la desventaja de un encuentro que asuste o provoque al animal la lleva el forastero. En ese momento se hizo evidente la importancia de interpretar los sonidos y leer los olores del lugar, las advertencias por los peligros del bosque son muy reales y ejercer prudencia es la mejor estrategia.

A partir de ahí veríamos los elefantes en el mirador de MOBA, caminaríamos en la noche y regresaríamos al día siguiente con muy poca suerte porque se nos unieron cuatro turistas jóvenes franceses que hablaban mucho y estaban cargados de olores de perfumes y desodorantes encima. Desde el primer día había comentado mi interés de hacer senderismo y así hicimos, nos iríamos desde MOBA por el medio de la selva donde transitan los elefantes hasta llegar dos horas más tarde a Lokoué, uno de los ríos principales del parque. Allí embarcamos en un recorrido donde habitan cocodrilos muy particulares y en peligro de extinción. Como la selva mantiene las riberas del río ocupadas por una densa vegetación a ambos lados, los cocodrilos de hocico delgado posan sobre las ramas para tomar el sol. Vimos varios, uno o  una se dejó hasta retratar antes de saltar al agua cuando nos acercamos. 



A la vuelta de ver una manada de búfalos coincidimos con un joven elefante en el río. El animal decidió regresar a la selva y corrió por más de 300 metros para luego salir al río nuevamente pensando que nos había dejado atrás. Lo que desconocía el primo en libertad de Mundi -la elefanta boricua- era que Plaisance Vladimir estaba guiando la expedición con señales desde la parte delantera del bote al operador en la parte de atrás. Navegamos hasta toparnos cara a cara. Con una agilidad impensable, el elefante sorprendido nadó hasta cruzar el río. Sin embargo, la densa vegetación no le permitió subir a tierra firme para seguir camino. Entonces, dio un giro súbito dentro de las ramas que lo ocultaron momentáneamente para, asustado e irritado, emprender con su nado hacia la embarcación. Por supuesto que nos alejamos para guardar distancia y ofrecerle una tregua. Finalmente regresó a la orilla inicial donde el agua le cubría un poco más de la mitad de su cuerpo. Desde allí, eran evidentes sus gestos de guerra. El guía quiso acercarse nuevamente a pesar del asombro y la preocupación compartida. Mientras esto ocurría, el motor de la lancha, como un carrito viejo, se apagó. Nos quedamos mirando fijamente: él cansado, nosotros maravillados y nerviosos. Entonces, el elefante decidió usar sus energías para cruzar nuevamente el río y buscar salida a la selva. Lo logró. 

Nosotros regresamos a tierra sabiendo que vivimos un encuentro poco común. Paciencia, suerte y disciplina son ingredientes que se juntan en estas exploraciones. Regresé a Brazzaville feliz y recargado, sintiendo a la vez un privilegio mayor, con nuevas responsabilidades por lo vivido. 

Quiero regresar pero a Virunga, en el otro Congo, cuando las condiciones lo permitan. En ese entonces, espero me acompañe Mari Mari porque Siempre te quieres ir.


VIDEO RESUMEN:




Sunday, October 10, 2021

Viaje al Gran Cañón por la Vegas, Utah y Arizona: un itinerario casi exacto


Por fin volvimos a salir del país, después de exactamente un año y medio. No puedo decir que haya sufrido de “fatiga de isla'' ese primer año y medio de la pandemia. He sufrido otras fatigas, por supuesto, pero no necesariamente la de Isla. Me sorprendió lo relativamente bien que llevé el confinamiento, con algunas excepciones. Trabajé como mula pero, desde que pude, me refugié en la playa y en el monte, así como en una bicicleta que conseguimos para pasear al aire libre. En la vida real (o sea, pre-COVID), uno de mis pasatiempos era buscar destinos interesantes y pasajes super baratos. Durante un año dejé de buscar. Mis horas en Google Flights migraron hacia Supermax Online (la pesa lo sabe). Obvio que ni me planteaba viajar. Pasaban los meses y yo ni abría los buscadores de pasajes ni pensaba a dónde sería mi próximo viaje ni cuándo ni cómo. Tal era mi indiferencia, que llegué a preguntarme si alguna vez volvería a sentir aquel deseo viejo, voraz, de irme.



Por fin me llegó el día. Fue una escapada improvisada con muy poco tiempo. Decidimos irnos una semana a ver el Gran Cañón del Colorado en Arizona. Llevábamos muchos años imaginando ese viaje. Pues bien. Tras un verano intenso en todos los sentidos, coronado por una pérdida familiar muy dolorosa, decidimos irnos. Un pasaje barato a Las Vegas, cortesía de mi suscripción a
https://www.mochileando.com/ nos dio el último empujón. Así organizamos este viaje, uno de los más impresionantes que he hecho en la categoría de bellezas naturales:



Día 1: San Juan - Las Vegas

El vuelo a Las Vegas es larguísimo. Pero larguísimo. Nosotros no teníamos nada que buscar en Las Vegas pero, si tienen el tiempo, pueden aprovechar para ver algún espectáculo interesante. Tratamos de conseguir boletos para el Circo del Sol pero no había disponibles. Pero hay otros, dependiendo de la temporada. También Las Vegas tiene excelentes restaurantes (aunque según la investigación que hice, los mejores son extremadamente caros. Tipo $400 por una cena entre dos). No tuvimos suerte en ese aspecto pero realmente solo pasamos la primera y última noche allí y no alcanzamos a planificarlas. 


 


Día 2:  Zion National Park, Utah:

Salimos temprano en la mañana de Las Vegas y desayunamos ya en Utah, en un Black Bear Dinerlleno de gente sin mascarilla (prepárense porque esto es tierra de anti-maskers)pero muy decente y económico el desayuno (obviamente, el café es horrible… esa agua de piringa que ya ustedes conocerán pues es típica en EEUU).


Este parque nacional vale el viaje a la famosa cochinchina. Manejamos unas 2.5 horas desde Las Vegas y llegamos a este cañón de unos 2,000 pies de profundidad, que regala unas vistas y caminatas inolvidables. Zion está ubicado a lo largo del borde de la meseta de Colorado, una región grande y elevada que se extiende desde el centro de Utah hasta el norte de Arizona, e incluye parte de Colorado y Nuevo México. Desde hace más de 250 millones de años, las capas de roca en esta región se han estado levantando, inclinando y erosionando, hasta formar una serie de acantilados coloridos llamados Grand Staircase. Esta "escalera" presenta un registro espectacular de la historia de la Tierra desde hace casi 2 mil millones de años hasta hoy.  

Aquí pueden leer más acerca de las formaciones geológicas de Zion. 


En este parque estuvimos toda la tarde. Alcanzamos a hacer varias rutas de senderismo como los Upper and Lower Emerald Pool Trails y el Riverside Walk, todas rutas fáciles o moderadas. Caminamos mucho y llegamos hasta la zanja del cañón donde, por supuesto, debes estar preparada para mojarte los pies en un agua extremadamente fría. 

Al salir de Zion, con el boleto de entrada al parque (de $30), puedes pasar un peaje en el auto hacia la ruta panorámica. Este paseo no debe perderse. Es cortito pero absolutamente imponente y hermoso. 


En Zion hay un par de restorancitos. Nos detuvimos en uno mexicano a tomar una margarita y picar algo pero decidimos continuar el viaje y comer más adelante. 

Les recomiendo parar a comer o incluso, si tienen el tiempo, visitar Kanab entre medio de Zion y Page. No nos detuvimos pero se veía que era un pueblo interesante y en ese enlace que les puse pueden encontrar actividades que hacer allí. 

Nosotros seguimos a Page, donde pasamos la noche.

Page es uno de esos pueblos sin gracia alguna de tantos en Estados Unidos. Pero nos quedamos ahí, en un hotel bastante genérico, para poder visitar Horseshoe Bend al amanecer y, posteriormente, Antelope Canyon, en la Nación Navajo. ¡Ambos son imperdibles! Hay que verlos, lugares muy impresionantes. 


Día 3: Salida del sol en Horseshoe Bend, 6:00AM

Llegamos a  Horseshoe Bend poco antes de las 6:00 de la mañana y caminamos hasta el mirador frente al cañón, que es parte del Río Colorado. A esa hora es perfecta la visita. No hay mucha gente. Es un cañón pequeño y se ve desde arriba, completo. Me parecía estar en otro planeta. 





10:00AM: Antelope Canyon 

Este lugar tiene que ser único en el mundo. Tiene 120 pies de profundidad y entre 8 y 60 millones de años. Surgió de la erosión provocada por inundaciones repentinas en monsoon season.  


Se va en grupo. Es decir, hay que reservar la visita. Nosotros lo hicimos vía Expedia.

En la Nación Navajo fue donde único vimos reglas para el uso responsable de la mascarilla. En toda la región de nuestro viaje, desde Utah hasta Nevada, la mayor parte de la gente no utilizaba la mascarilla y hasta te miraban mal si tú la usabas. Fuimos incluso a varios restaurantes donde los meseros y meseras no usaban la mascarilla. Fue espantoso y freaky! Evidenciar la absoluta ignorancia, arrogancia y temeridad de tantos estadounidenses, especialmente la gente blanca, es una experiencia terrorífica. Por suerte, aparte de estar vacunados, tuvimos muy poca interacción con la gente. Casi todo el viaje fue al aire libre.  

Al salir del Cañón Antílope, paramos en un supermercado a hacer la compra del Gran Cañón y partimos. 





6:00 PM - Puesta del sol en el Gran Cañón - Ver esta puesta del sol es imperdible.


Día 4: El Gran Cañón 

De Antelope, nos fuimos finalmente a la zona del Gran Cañón y llegamos justo para la puesta del sol, un evento memorable que mucha gente no quiere perderse. Yo pude haberme regresado después de ese pedazo de tarde que pasamos allí viendo aquel escenario de la inmensidad.


Ninguna foto le hace justicia a lo que se avecina en esta parte del mundo. Pasado el pequeño pero inaudito cañón del Antílope, no se sospecha la escala de esta secuencia de maravillas hasta que se llega al pie del Gran Cañón del Río Colorado. 277 millas de extensión. Puerto Rico cabe casi tres veces sólo a lo largo. 


Nosotros fuimos al South Rim. El norte es lejos, como 4-5 horas en carro desde el sur. El sur es más grande. Luego también está la opción de bajar el Cañón o mantenerse arriba... Nosotros no bajamos porque no tuvimos tiempo. Se puede bajar pero hay que acampar allá abajo un día al menos. Merece la pena pero lo dejamos para la próxima ocasión. 




¿Dónde nos hospedamos?

En este Tiny House, en Williams. Es para dos personas. Bello! Nos encantó. 




Para quedarse hay dos opciones: justo dentro del Cañón hay unas cabañas. Si son un grupo y consiguen ahí, tal vez les merezca la pena porque aunque son más caras, son varias personas. Justo fuera del Cañón también hay unos lodges/hotelitos. A mí no me parecieron nada interesantes pero están cerca. 


Luego está el área circundante, como a media hora, un área completamente off the grid (todo es solar)donde se alquilan trailers pero bien lindos y bien montaditos, tiny houses (como la nuestra) y también hay un par de casitas, como cabañitas, no muchas, creo. Es hermoso porque de noche las noches son estrelladas. A mí me encantó quedarme allí. Llevamos cosas de picar, nuestro vinito y nos sentábamos PM, cansadísimos del día, que empezaba a las 5:00AM,  a ver la noche. Pueden buscar en Airbnb bajo Grand Canyon o Williams, Arizona.   


-Al Gran Cañón le dedicamos unos 2 días. 


OJO: Si van en pleno verano, el calor es tan brutal que dicen que no se recomienda caminarlo entre 10:00-11:00 AM y 3:00-4:00 PM… Nosotros fuimos en septiembre 10 y tuvimos buena temperatura, pudimos caminar todo el día. 


-Cenamos una noche en el pueblito de Williams, que es el pueblo de donde salía originalmente la famosa Ruta 66. Está chévere para comer, es mono, con sus tienditas, restaurantes, breweries, etc… Pero de nuevo… es gringo y gringo gone bad. Unmasked crazy people. 



Día 5: El Gran Cañón - Nos levantamos a las 5:00AM para estar temprano en el Cañón y pasamos todo el día allí caminando por las veredas. Es importante llevar protección solar (bloqueador, gorra, capa por si llueve o algún suéter por si cambia la temperatura), agua, meriendas. Hay lugares donde comer y comprar cosas pero no están por todas partes. El lugar es grande y, si quieres verlo completo, seguramente tomarás los buses dentro del parque para ir de un lado a otro.


Día 6: Sedona

VIsitamos nuevamente el Gran Cañón en la mañana y luego nos fuimos a Sedona (de camino a Sedona paramos en Flagstaff a almorzar con nuestros amigos Rima y José Luis)

Sedona es bello pero gringo. 

Algunos sitios en Sedona o cerca:

  • Trails Red Rock (Senderismo)

  • Hay baños termales. Pueden buscar. Hay en muchos hoteles. Nosotros no fuimos porque estaba caluroso, más bien queríamos piscina y fue buena idea buscar hotel con piscina porque el calor es brutal. 

  • Winery Jacovina tasting room (el vino no es la gran cosa pero nosotros por averiguaos fuimos e hicimos un tasting y estuvo chévere. Hay otros wineries para escoger. 

  • Cottonwood es un pueblo bonito. Queda como a 30 minutos de Sedona. Con tienditas, cafés, etc. Mereció la pena. Fuimos por este restaurante italiano del que habíamos leído y que nos gustó mucho. 


De Sedona (donde estuvimos dos noches) nos fuimos de regreso a Las Vegas, haciendo una parada en Hoover Dam, una represa que es una obra super importante de la ingeniería y el manejo del agua así que a Art le interesaba. La verdad es que es impresionante. Es una buena  parada aunque yo me achicharré caminando por allí. El calor ese día fue muy intenso.




















 


Tuesday, June 25, 2019

Panamá y Brasil: primer quinquenio entre aguas dulces y saladas



Por Mochilero 

Cinco años atrás nos juntamos y decidimos que, en lugar de cuatrienios como hacen los políticos, renovaríamos votos en bloques de cinco: ‘quinquenios’. Estamos en el primero. El tiempo, como medida de la vida, ha sido intenso en nuestro caso. Desde lo político, hemos ido del Bosque Modelo al posterriqueño a la libertad para Oscar; sufrir, sobrevivir y responder al Huracán María, hacer vigilancia ciudadana de la Policía, exigir acceso a la información; llegando a la insurrección para la independencia energética. Mientras tanto, también hemos caminado mucho con paradas en la Bogotá de Alejo, Gina y Eva; La Paz de Evo (a quien vimos bajándose de un auto frente al palacio de gobierno, él y sus “escoltas” en mahones y tenis); los días en el Altiplano boliviano y el Salar de Uyuni, Cusco, Lima, la Caracas en crisis, La Habana del abuelo Duque de Estrada; la Santa Clara del Ché; el DF pre-AMLO, Oaxaca con Nayeli y el Tío Jaime en el Día de los Muertos; un Michoacán con millones de mariposas monarcas migratorias, la Tijuana y el desierto de la Rumorosa de Alex; París y todos los muertos que me llevaron a ver; la despedida de año en Sacre Coeur; Madrid, Salamanca, Lisboa, Sintra, Marvao, Brotas, el pueblo de 7 personas; San Francisco y los bosques de Redwoods vecinos de los viñedos de Sonoma; el San Diego que te impulsa a saltar la frontera hacia el sur, los parques nacionales de Nuevo México, la Filadelfia de Paula y Andes, Nueva Orleans pos Katrina, una Tenesí incómoda, Atlanta, Boston, Amherst y sin cuenta los viajes al Nuyol de David, Nayeli, Carlitos, Ramón y muchas amistades. La lista de paradas es más amplia, aquí y allá y por todas partes.

Sin embargo, con cada comienzo de año, me pide siempre, ya por quinta vez, como resolución cuasimatrimonial que vayamos más a la playa. Le repito que soy animal -mamífero específicamente- de agua dulce, de los bosques de la montaña. Ella ni se inmuta, me lleva al nivel del mar, a la playa entre la arena y la sal. Ni me deja resguardarme bajo la sombra de palma alguna, “eso es peligroso, mi amor, te puede caer un coco encima”. Entonces de aquí un poco surge esta entrada a nuestro blog Siempre te quieres ir sobre Panamá y Brasil como destino de este primer quinquenio, de mar a tierra, entre el agua dulce y salada.



Las Maravillas del Mundo son ¿construídas o naturales?

Comenzamos a nivel del mar para subir 26 metros en tres esclusas consecutivas y observar los navíos salir desde el Centro de Visitantes de Miraflores del Océano Pacífico para adentrarse en el agua dulce del Canal de Panamá. Ocho horas, solo 8, necesitará un enorme buque de Hong Kong lleno de mercancías -el Yangtze Xing Jin- para atravesar la ruta construida que incluye el lago artificial de Gatún para entonces descender a través de otras esclusas y alcanzar el salado Mar Caribe. De ahí a continuar hasta su destino final.

En las mañanas, la travesía favorecida es de sur a norte y, en las tardes, los barcos que vienen del Caribe hacia el Pacífico. Esta evidente maravilla de ingeniería mecánica de fluidos transformó la globalización. Su historia incluye una gran dosis de imperialismo, coloniaje, militarización, muertes, guerras, invasiones y liberación. No, no fueron los ‘americanos’ los primeros en iniciar su construcción en territorio para ese entonces aún colombiano. En el 1880 fueron los franceses, también imperialistas, los que iniciaron su construcción. Sería la malaria y fiebre amarilla que les pasara cuota de vida a más de 20,000 trabajadores explotados. Quebraron 9 años más tarde. Al año siguiente de Estados Unidos ‘ayudar’ a Panamá a separarse de Colombia (1903), sería el propio Estados Unidos el que retomaría su construcción con un acuerdo unilateral de dominio del Canal a perpetuidad. En el 1914 y tras 5,600 vidas más, abriría su trayectoria de 82 kilómetros de distancia. El pueblo panameño, la sangre de sus estudiantes en 1964 y el gobierno del presidente Omar Torrijos se encargarían de revertir la ‘perpetuidad’ del acuerdo. En el 1999 se materializó la soberanía panameña de su territorio y la salida del enorme enclave militar estadounidense.




Con poca o ninguna planificación llegamos a la Estación de Miraflores a eso de las 8:45AM. La noche antes, saliendo del aeropuerto de Tucumén en una escala técnica de 20 hrs en la Ciudad de Panamá, nos advirtieron que entre 8:00 y 10:00 de la mañana era la mejor hora para ver los barcos pasar. Llegar allí es fácil, en taxi o con transporte programado. La entrada al lugar que incluye un cine, museo, lugares de comida ligera y gradas para observar el paso de los navíos es de $20.00 por persona (si eres extranjero). Vale la inversión, más si están pasando barcos en el momento. A Mari le tocó madrugar y cumplió. Luis, con acento de Rubén Blades, nos esperaba en el lobby del hotel. Serían $70.00 por llevarnos al Canal, luego a las islas ahora conectadas por una carretera hecha con las rocas del Canal, pasarnos un rato por el casco antiguo, de vuelta al hotel y luego al aeropuerto un domingo.

Atravesamos las rutas prohibidas para los panameños -hasta el 1999- de antiguas zonas militares llenas de barracas y edificios de arquitectura militar. Pasamos la central termoeléctrica y llegamos tras cruzar un estrecho puente elevado sobre un ‘río’ intermitente para el control del nivel del lago artificial. Allí disfrutamos de la explicación del proceso mientras el Yangtze Xing Jin -el último barco de la mañana- entraba a la primera esclusa. Un total de 22 millones de galones de agua dulce son necesarios en promedio para elevar y luego descender los barcos en el Canal (el paso de cuatro barcos equivale al total de agua transportada diariamente por el Súpertubo o el equivalente al Lago Carraizo operando a cabalidad; un promedio de 14 barcos cruzan a diario el Canal). No hay duda de la maravilla de ingeniería pero la huella ecológica de su construcción y operación es evidente, no solo en la mega escavación y su periferia sino también en los lugares donde fueron depositados y se depositan sedimentos que se dragan rutinariamente para mantener el calado. La cicatriz ecológica de su construcción parecería sanada con la mirada de un paisaje reaclimatado a la ahora centenaria realidad. Paradójicamente, esta obra de ingeniería depende de iniciativas de conservación y protección forestal extremas para que sus extensos bosques circundantes reduzcan la tasa de sedimentación del Canal y mantengan la cuenca hidrográfica necesaria para sostener su operación. Sin la naturaleza, esta maravilla de la ingeniería sería inútil.

Foz do Iguaçu: maravilla natural




Temprano en el proceso de conocernos, Mari supo de mi afán de llegar un día a las Cataratas del Iguazú. “Antes de morir este es uno de los lugares que quiero visitar”, sé que habré dicho con verdadero compromiso en varias ocasiones. Bosques, biodiversidad y mucha agua dulce. Ella, aunque de agua salada, coincidía con esta selección. No es que esté buscando turno ni esté listo para despedirme al más allá, pero desde que estoy con ella he tenido que alargar la lista de lugares por conocer por eso de justificar más tiempo en esta maravilla de Planeta que tenemos y debemos proteger. Tan pronto supo por la página de feisbuk del Mochilero Boricua que los pasajes a Brasil estaban en los $300’s me anunció la noticia de nuestra próxima parada: “decidido, compré los pasajes”.

Foz do Iguaçu es una verdadera maravilla del mundo natural. Es fácil llegar vía aérea desde São Paulo o Río. El Río Iguaçu separa una frontera política imaginaria entre Argentina y Brasil. Un poco después de las cataratas, se encuentra con el Río Paraná donde se junta Paraguay en el hito Tres Fronteras. Desde Foz de Iguaçu estás a menos de 20 minutos en carro de Argentina o Paraguay, lugares que habríamos querido visitar a no ser por la ‘casualidad’ de que Avianca Brasil quebró el día de nuestro vuelo. La atrasada salida alterna desde São Paolo previno que tuviéramos suficiente tiempo para estas escapadas colaterales. Pero eso era secundario, lo fundamental era el encuentro con el agua.

Al almanecer, nos preparamos para un recorrido que nos ocuparía las próximas 6 horas. Caminamos desde el Hotel San Martín unos 600 metros a la entrada del Parque Iguaçu. Llegamos allí unos minutos previo a su apertura a las 9:00AM, por ‘ansiedad mía’ dirá María de las Mercedes. No hay necesidad de pagar ni estar preso de tours, es sencillo ir por cuenta propia y mejor así. Tras pagar una cuota de admisión de $20.00 (si eres extranjero), un autobús interno nos llevaría a través de la reserva natural hasta la zona de las cataratas. En mayo es casi invierno en Sur América y temporada baja de turismo, por eso los vuelos estaban tan económicos. Y aunque los brasileños están muy bien organizados para manejar turismo a gran escala, la baja densidad relativa de la visitación le agregó en ésta y otras instancias muchos beneficios. Tras unos 15 minutos en el autobús desembarcamos en Trilha das Cataratas, donde comenzamos una caminata moderada y siempre panorámica. Bastaba caminar unos metros para el primer suspiro. Por fin el encuentro con la maravilla. Valió la pena cada paso y minuto de una larga travesía, aunque fuera para estar allí un segundo. En ruta pasamos por el Trecho de Naipi y el Mirador Garganta del Diablo, donde el rocío de las cataratas creaba la sensación de una leve lluvia permanente. Suspiro tras suspiro, más suspiros y otros adicionales mientras suspiro escribiendo este recuento de memorias imborrables.

Cerca del 70% de los 2.7 kilómetros de cataratas quedan del lado argentino. Sin embargo, el lado brasileño es la mejor ruta para apreciarlas. Desde una vista panorámica espectacular esté soleado, nublado o lloviendo, hasta una inmersión casi al interior de los chorros o bajar un centenar de escalones para un recorrido en lancha o hacer rafting río abajo con posibilidad de nadar en el Iguaçu. Así haríamos para quedar bautizados en este sacramento.

El complejo de unas 300 cascadas es el punto común tipo embudo del Río Iguaçu que acumuló aguas de una cuenca hidrográfica equivalente a casi siete veces el tamaño de Puerto Rico. Son 1,750 metros cúbicos por segundo de flujo promedio consecuente. Imagínese las aguas del Río Grande de Loíza con las aguas de Arecibo, Guanajibo, La Plata y todas las aguas isleñas sin sacarle gota alguna para las industrias ni los miles de galones para consumo urbano o agrícola, multiplicado por siete en un punto común donde la formación geológica baja repentinamente de nivel hasta por 82 metros. Las cataratas son lo evidente, pero 62,000 kilómetros cuadrados de espesos bosques son el acueducto natural de esta obra de ingeniería planetaria.



Tras Iguaçu, entre agua dulce y sus bosques, me fui rendido con manos arriba a Río de Janeiro. Lo que quieras, Mari, no importa, me adapto a la sal de Copacabana, Ipanema o Leblón. Puedo ahora hasta bailar samba en Pedra do Sal o disfrutar del Museo de Mañana. Desde Santa Teresa fue fácil vivir la ciudad donde la evidencia de la sal y arena era virtualmente inescapable. Aún así, nos la pasamos subiendo y caminando cerros, desde Pao de Açúcar, Corcovado (el Cristo Redentor) o tras caminar una hora subiendo desde una favela hasta alcanzar el tope del Morro Dois Irmaos.

Maravillas naturales, maravillas construidas, maravillas que hacemos de la vida. Un quinquenio amoroso y la promesa de que ‘Siempre nos queremos ir’ juntos por el Mundo.


Congo, su lucha anti extractivista y cómo no terminar en la boca de un elefante en la selva africana

Por Arturo Massol Deyá Para llegar al Congo se requiere de un espíritu de despojo verdadero, o sea, deshacerse de los miedos y de las malas...