Thursday, August 17, 2017

De turistas no turísticas y forasteros inofensivos

Invadiendo el YucateK, el mejor bar del pueblo en Valladolid, Yucatán.

Por Malamañosa


Sé que tengo vena para esto de la coordinación de viajes. No es secreto que del último tramo de la Generación X hacia abajo, vivimos obsesionados con viajar. Hay todo tipo de análisis sobre esta conducta. Pero la realidad es que, para muchos y muchas en mi generación, las maromas para posibilitar un viajecito más se convierten en un patrón de ofuscación que a veces raya en negligencias antológicas.
¿Cuántos de nosotros no nos hemos gastado los pocos ahorros posibles en esta economía viajando? Total, al final el tiempo nos ha dado la razón. Mientras los ahorros de muchos se han esfumado con los embrollos de las pensiones, los bonos fatulos de Puerto Rico y la burbuja inmobiliaria, nosotros al menos nos los hemos viajado.
A mí la afición por el viaje me dio desde pequeña. Desde que recuerdo, soñaba con salir, explorar y hacer lo que me diera la gana. No por casualidad dos de mis libros favoritos de la infancia fueron Las aventuras de Tom Sawyer y las de Huckleberry Finn. Fui una niña feliz pero el estado de infancia siempre me provocó una sensación un poco asfixiante de cautiverio. Oscilaba entre la imaginación persistente de lo que había fuera de mi vida y un deseo muy profundo de poder ser libre. Nunca me gustó el concepto de vivir a la merced de mis padres y de mi abuela. Recuerdo muchas veces haber querido irme a aventurar a otras partes y no poder hacerlo porque, sencillamente, no guiaba ni tenía permiso ni recursos para irme a pie por ahí a donde me cogiera la noche, que era lo que yo solía añorar.
 
Mochilero en playa casi desierta en Celestún, Yucatán
Tengo un talento particular para llegar a sitios en el medio de la nada. Esa es la única razón por la cual algunas veces he tenido la suerte de tener experiencias bastante originales, que es lo que hoy día buscan todos los turistas serios: la supuesta “autenticidad”, la “vida misma”. Nuestra legión es así. Somos ese tipo de turista que, antes que todo, pretende despojarse de su condición. Lo primero que afirmamos al pisar tierra es que no queremos el spot, bar, restaurante, hotel “tu-rís-ti-co, gracias", repetimos cual mantra de gurú. Buscamos un lugar “auténtico”, “local”, “real”, el tipo de sitio “donde usted come con su familia", le decimos a cuanto mesero, taxista o dependiente se atreve a entablar amena conversación con una. Sí, somos lo más clichoso que puede haber y lo sabemos. Pero continuamos con nuestro cliché porque creemos firmemente en él. Nos ha llevado lejos, nos ha mostrado cosas locas. Así, hace poco, en la península de Yucatán, interrogué a un vendedor de agua de coco sobre cuáles eran los cenotes más bonitos y apartados de los turistas. "Los que usted visita con su familia", le dije. A esos queríamos ir. Obviamente, eran apartados pero para allá enfilamos a buscarlos. Dimos vueltas. Dudamos si saldríamos vivos de aquella exploración por un sitio desconocido y laberíntico. Pero al fin llegamos. Y tuvimos la suerte de tener un hermoso y gigantesco cenote solo para nosotros. Sin un solo turista molestoso haciéndose sus selfies, tratando de hacer amistad instantánea  o preguntando huevadas. Eso solo lo hicimos nosotros en la privacidad del cenote más imponente del mundo. 


Cenote de Yucatán, entre Valladolid y Mérida


Buscando el cenote perdido... Aguadulce.
Así que una va de mochilera, muy aventurera, pensándose como que no estorba al prójimo ni rompe reglas ni rituales ni provoca rupturas ni disloques culturales ni incertidumbres económicas. Una tiende a mirarse a sí misma como una turista no turística, no convencional, una forastera inofensiva, casi imperceptible. Cuando estás viajando, todo -en especial los pequeños detalles- parece muy interesante, muy sugestivo, potencialmente seductor. Esa condición estrambótica te adjudica cierto rol jerárquico pues, para observar, nombrar y reafirmar lo interesante, hay que tener al menos la cualidad de detectarlo. Y esa cualidad -te crees tú- te otorga interés y encanto por borbotones, hasta el punto de creerte interesante también.
Viajar es una expansión brutal de la curiosidad. A mí se me parece bastante a la dependencia. Una vez empiezas a gastar tus ahorros en cruzar el charco, ya no quieres volver atrás. Después de todo, el mundo es demasiado grande para los pocos años que tenemos disponibles para conocerlo. 


Acá en Bogotá, haciéndome la interesante...
Ahora bien. Resulta que, en esa misma onda que una replica por el mundo cada vez que puede, así mismo los veo llegar al Airbnb justo al lado de mi apartamento, o al Viejo San Juan, donde trabajo. Y no lo niego; me crean más malestar del que me gustaría aceptar. La escena me es repulsiva pero no sé exactamente por qué. Sospecho de la mayoría de los turistas que veo por el Viejo San Juan, Condado, Santurce. Me enerva tener que adelantármeles por la calle porque van paseando en la acera estrecha, completamente lentos y perdidos, mirando a todas partes como esas actrices que hacen de locas en las telenovelas (pero sin el estilo). Todo mientras yo intento volar a almorzar para regresar a tiempo a la oficina.
Los otros, llegan al vecindario con su escándalo, con su música mala, sus amanecidas en días de semana. Algunos se creen los dueños de la calle, del edificio, de los sitios donde van, eso me enloquece. Pero lo peor es salir a tu barcito de esquina preferido y encontrarlo abarrotado de turistas, al punto de no hallar ni un rinconcito para tomarte tu cerveza. Tener entonces que largarte. Y cuando vas a los barcitos de San Juan, donde de joven de tomaste tus primeras cervecitas con tus amistades, resulta que ahora son negocios finos decorados de chinchorros. Algo loco que jamás imaginaste. Donde antes podías darte unos cuantos tragos con los amigos y comerte algo, ahora que trabajas y eres adulta, apenas puedes darte una o dos Medallas. Con las fondas ha pasado lo mismo que con los chinchorros, al menos en San Juan. Ahora son restaurantes caros decorados como fondas. Es extrañísimo. Si la fonda o el chinchorro están tan de moda: ¿Por qué no pueden ser lo que aspiran a ser: fonda y chinchorro, después de todo?
La gente normal, de clase media ya no puede vivir en el Viejo San Juan porque es más rentable alquilar una propiedad en Airbnb que a una persona con un salario promedio que la viva a largo plazo. Desde la ventana de mi oficina estoy viendo la super remodelación de un edificio que me he enterado es ahora propiedad de un árabe, seguramente atraído por la Ley 22 que los exime del pago de contribuciones. Si no me lo hubiesen contado, yo hubiese seguido pensando que estaban construyendo un hotel. Así es la casita del señor, a quien pronto veré bañándose en su piscina y haciendo uso de su tremendo bar mientras yo continúo trabajando cada vez más largas horas.
En ciudades como Venecia, Barcelona, Roma, San Sebastián, Dubrovnik, y en las islas baleares como Ibiza y Mallorca, ya existen movimientos bien organizados contra los efectos del turismo moderno en las vidas y economías de la gente. Miles de personas ya no pueden costear una vivienda en sus ciudades porque el turismo ha elevado los precios extraordinariamente. Viven literalmente en furgonetas, acampan o gastan todo su salario en un cuartito alquilado. Ya es bastante normal caminar por esas ciudades y ver murales que leen: "Turista, tú eres el terrorista"; "Turistas, bastardos"; o "Dejen de destruir nuestras vidas".
En nuestro país, el turismo contribuye cerca de $4 mil millones a la economía y esa industria es de las pocas con un panorama esperanzador dentro de la depresión económica que vivimos hace años. Esta depresión  sabemos se está recrudeciendo con las extremas medidas de austeridad impuestas en nuestro país. Lo que puede sonar "esperanzador" para la economía, supondrá una peor situación de vida para muchas de nosotras, personas citadinas. Y si hablamos en términos de la irritación que pueden causar estos visitantes alegres, creo que podemos ir conformando un grupo al menos de graffitteros para organizarles la bienvenida a los más intrépidos de ellos, que son muchos y muchas.


 

Wednesday, February 15, 2017

Qué hacer en Nuevo México



Por Malamañosa

Jamás pensé que Nuevo México me fascinaría y comovería tanto. Iba por trabajo y mi mochilero se apuntó como se apunta casi siempre: un poco por fe, otro poco porque es viajero de verdad y donde ve una oportunidad de escaparse, lo hace. Al terminar mis conferencias en Alburquerque, alquilamos un auto y nos fuimos hacia el norte por una carretera local panorámica. Nuevo México es muy bello pero a esa belleza medio agreste, desértica, cerrera, se le une una mística única por la fuertísima influencia indioamericana. Desde el paisaje y la arquitectura hasta la gastronomía, todo en Nuevo Mexico es mucho más indioamericano de lo que jamás sospechamos pues se supone que, demográficamente, la cultura nativoamericana constituye solo un 10% de la población. Y sin embargo, se siente sin lugar a dudas como la cultura dominante. Está en todas partes: en el paisaje, en la arquitectura, en la cultura, incluso los idiomas y en la comida riquísima fundamentada en el maíz, el chile verde o rojo, la habichuela, el calabacín, entre otros.

En un fin de semana hicimos un montón de cosas y, sobre todo, vimos algunos de los paisajes más bellos del Estados Unidos que conozco.


Highway 4 Coffee
1. Bandelier National Park

Entre desiertos y reservaciones indígenas, por la carretera 4 del oeste fuimos subiendo. Nos detuvimos a desayunar en Jemez Springs. No hay muchos sitios donde ir pero en una oficina turística nos recomendaron Highway 4 Coffee y estuvo muy bien. Tienen buenos desayunos, buenos precios, pastelería rica y una terracita muy agradable. Ni siquiera hay que desviarse, todo está ahí mismo en la carretera 4. De ahí continuamos un par de horas más hasta llegar primero a Valle Caldera National Reserve y luego al Bandelier National Park, un lugar increíble donde ubica la caldera de lo que hace más de un millón de años fue literalmente un volcán en erupción. Allí donde hubo burbujas se formaron unas cuevas que las civilizaciones pre colombinas de hace 11,000 años utilizaron como albergue. Bandelier es un lugar hermoso, con varios caminos para recorrer. El que hicimos nos tomó alrededor de hora y media. Entramos a las cuevas, anduvimos, observamos, fotografiamos. Pregunté muchas veces por la extensión de todo ese tiempo. Un millón de años. Once mil años. Todo esto es una barbaridad. Y nuestra vida, un suspiro en esa inmensidad.


Arte rupestre en Bandelier National Park


Bandelier National Park, Nuevo México

2. Española (No hay que ir allí pero nosotros fuimos...)

Después de Bandelier fuimos a Española, un pueblito que nos iría acercando más al norte, donde al otro día iríamos a Taos. Este pueblito fue un poco extraño pero no dejó de ser interesante. Nos hospedamos en un hotelito, The Inn at the Delta, que resultó muy lindo y acogedor. Está muy recomendado tanto el lugar, con unos jardines muy bellos, las habitaciones son grandes, limpias y cómodas, decoradas al estilo nativoamericano. Las personas a cargo son muy amables y el desayuno fue excelente (desayuno fuerte, el menú cambia a diario) y estaba incluido en la tarifa de unos $125.00 la noche que nos salió más económica al utilizar los puntos de una tarjeta de crédito (la acumulación de puntos es esencial para cualquier viajero frecuente). 

Española es algo así como estar en medio de la 65 de Infantería. Se puede decir que no hay nada muy interesante por allí. Pero, aún así, para mí fue divertido e interesante. Hay un bar justo al lado del hotel que dicen es de lo más frecuentados entre los locales (no creo que haya mucho turismo en Española enigüei). Allí conseguimos dos buenas margaritas para llevar en lo que averiguábamos dónde ir a cenar. Creo importante mencionar que la mayoría de las margaritas en Nuevo México no se hacen con tequila sino con "vino de agave" pues parece que es muy difícil conseguir la licencia para vender alcohol fuerte pero no así para vender algo basado en el inofensivo "vino". Las margaritas con vino de agave son deliciosas. Nos encantaron, particularmente las del Church Street Café en Old Town Alburquerque, un sitio con un patio interior muy bello, conocido por la comida mexicana. 

Les decía que Española es como andar en la 65 de Infantería o en Levittown. Pues nos recomendaron comer en Mariscos La Playa y fue tremenda experiencia Yo, que soy demasiado despistada, juraba que si íbamos para Mariscos La Playa, es porque llegaríamos a la orilla del mar. Por supuesto que eso no ocurrió, dado que Nuevo México no tiene acceso al mar (se me hace difícil entender que hay sitios que no tienen acceso al mar). El restaurante queda en un shopping center que a esa hora ya estaba casi todo apagado. Este era el ambiente:





Las margaritas no son las mejores. Pero la comida nos gustó. Pedimos un tartare de atún con aguacate muy delicioso y una parrillada de mariscos (pequeñitos pero buenos). Nos trataron muy bien y los precios son moderados.

Al otro día partimos hacia Taos, que es bonito y tiene algunas cosas interesantes. Ya habíamos visitado un pueblo autóctono indígeno cerca de Alburquerque, por lo que nos saltamos el de Taos, que es bastante más turístico. Sí caminamos por el pueblito de la ciudad, que tiene mercados, galerías y tienditas lindas.




Río Grande Gorge Bridge


A la salida, visitamos el cañón que yace bajo el Río Grande Gorge Bridge. Impresionante y hermoso. Por allí cerca hay una cervecería donde pueden tomar unas buenas cervezas y hasta comer algo antes de partir. De regreso, bajamos nuevamente a Alburquerque pero por el este (subimos por el oeste). Aprovechamos para pasar por el famoso Turquoise Trail y nos detuvimos en Madrid un viejo pueblito minero convertido en una colonia artística. Allí, todos los caminos conducen al Mineshaft Tavern, un lugar muy reconocido por sus hamburgers, por los hippies que lo frecuentan y la música en vivo que suelen tener en las tardes. El veggie burger es tan bueno como el famoso buffalo burger. También hay tienditas vintage pero las cierran temprano, al menos los domingos.

Por ahí seguimos de regreso a Alburquerque, para emprender un larguísimo trayecto hasta casa, pero maravillados por un viaje del que no esperábamos mucho y nos dio sorpresa tras sorpresa. Me quedé con muchos deseos de visitar otros parques nacionales de EEUU. Está en la lista de deseos para el futuro.


Saliendo de Taos

Wednesday, January 18, 2017

Cómo llegar al vuelo de millones de mariposas



Por Mochilero
(Michoacán, México): Camino a una reunión en San Diego hicimos una parada técnica en México por el fin de semana. La migración de millones de monarcas a Michoacán tiene su momento máximo en febrero y sí, es una excelente escapada. 
Existen varios santuarios naturales para conocer a las monarcas. Rosario es el más visitado y también el más impactado. Cerro Pelón, por el contrario, está más aislado, apenas visitan unas 80 personas repartidas en el día y sus bosques están en las mejores condiciones de la región. Para quienes quieran aventurarse, aquí mis notas.
En octubre pasado ya habíamos conseguido unos pasajes SJU-DF-SJU en $290.00 por Jet Blue y nos habíamos escapado al DF y Oaxaca (todavía tenemos que escribir sobre ese gran viaje). Es posible que en febrero los consigan económicos también. Las mariposas llegan en noviembre pero hace frío y suelen concentrarse entre sí por lo que exhiben poco vuelo (un elemento impresionante). Mientras la temperatura sea superior a 55F, ellas salen a volar. Así que depende del día. Febrero es su momento. Ya en marzo se regresan a Estados Unidos y Canadá. 
No se necesita reservación y si va solo, en pareja o en grupos de hasta 4 no sería mal, pues caben juntos en un taxi apretao', es fácil conseguir uno o dos cuartos, etc. 

¿Cómo llegar? 

Una vez en el aeropuerto del DF, puede tomar un taxi ‘seguro’ ($15) a la estación de buses Observatorio (35 min). Allí va a la agencia ‘La Línea’ y compra un boleto a Zitácuaro (2 hrs) por unos $13. Los buses salen cada 40 min aproximadamente los 7 días de la semana. Una vez en Zitácuaro, recomiendo el Hotel Casa de los Recuerdos ($55 allí, si trata de reservar por web sale en unos $72), excelente lugar en proporción al pueblo. Pero -ojo- el pueblo no es el más interesante ni histórico ni pintoresco de México. Usted se quedaría allí para salir al otro día temprano al Cerro Pelón. De la estación puede tomar un taxi al hotel en el pueblo por unos $3 (los taxistas saben cómo llegar).

Zitácuaro

A decir verdad, mi compañera y yo tenemos una diferencia sobre dónde se pasa mejor esa noche. Ella prefiere lo que, en efecto, hicimos. Pensándolo bien, sí, tiene razón (como siempre). En lugar de quedarnos en Zitácuaro, nos tomamos un taxi hasta el pueblito mismo de Macheros, donde ubica el Santuario de las Mariposas. Está a media hora de la estación del bus y cuesta unos $10-$12. Allí habíamos reservado el hotel JM Butterfly por $59.00 la noche. El hotel es muy bueno, limpio, con todo lo básico. El pueblito es pequeñito y, como está en la ruralía, las noches son tranquilas y el cielo hermoso. De hecho, el hotelito tiene una terraza donde puedes observar el campo, el atardecer, la noche. Y con la ventaja de que, al día siguiente, solo tienes que caminar 5 minutos hasta la Reserva. ¡Ah! Tienen un restaurancito que no es la gran cosa pero resuelve. Venden botellas de vino y cervezas. 

Por la mañana pueden desayunar en el mismo restaurancito (el café no es muy bueno, se los advierto).   La gente suele empezar los recorridos a eso de las 10:00AM para llegar al Cerro entre 11:30AM y 12:00PM, cuando el sol y las mariposas en vuelo están en su apogeo . En la entrada hay una cooperativa comunitaria que opera la visita. No hay que coordinar ni reservar. Se hace en el momento, allí, poca gente, fácil de moverse. Por admisión se pagan unos $5 por persona, $13 por el caballo ida-vuelta (muy recomendado) y $13 por un guía (obligado, pues son muchos recovecos y ellos halan al caballo para que suba). Estarás subiendo el monte sobre un caballo (o burro) por hora y media más o menos. Al final hay que bajarse y subir unos 20 minutos a pie. Salir a las 9:30AM les da la oportunidad de llegar primeros y tener esa sensación de que están solos en la Reserva. Hasta que llegas a las colmenas de las mariposas, una de las maravillas más increíbles que hemos visto jamás. 


Sunday, January 15, 2017

Monarcas en vuelo y Oscar López Rivera






Por Mochilero
  
Nace de un huevo de tamaño milimétrico. Al romper su aprisionamiento, la diminuta oruga monarca de cabeza negra y cuerpo transparente se alimentará inicialmente de su propio cascarón. Luego seguirá insaciablemente comiendo hojas de la planta hospedera donde su mamá depositó estratégicamente su huevo y la de sus hermanos.

Su crecimiento dependerá del clima, la temperatura y otros factores ambientales. Tras unas dos semanas y alcanzar una masa crítica de varios centímetros, la oruga adulta con vistosas rayas negras, blancas y amarillas buscará refugio bajo alguna hoja, rama o superficie alterna para envolverse en seda. Esta etapa se conoce como crisálida y es aquí donde ocurrirá uno de los grandes milagros de la naturaleza: la ‘meta-morfé’.

Metamorfosis [más allá de la forma anterior] es el proceso en el que el tejido animal se reorganiza en una especie de sopa de la vida. Del interior de la crisálida saldrá, tiempo después, la mariposa adulta para primero estrechar sus alas. Las dejará secar por unos minutos para entonces emprender vuelo libre en búsqueda de plantas con flores que provean su alimento. Su éxito está en aparearse, ser fecundada para luego depositar decenas de huevos, reiniciando así el ciclo de vida.

En Puerto Rico habitan sobre 102 especies de mariposas de coloraciones variadas con sus propios requisitos de vida. De esas, unas 5 especies y 10 subespecies han sido reconocidas como endémicas o únicas de nuestra Isla e islas adyacentes. De las mariposas, la distintiva monarca ‘residente’, con sus alas negras y anaranjadas, quizás sea la más reconocida.

Pero más allá del proceso individual de este insecto, está el impresionante fenómeno colectivo de millones de monarcas residentes del norte de Estados Unidos y Canadá que emigran a través de 4,500 kilómetros de distancia para llegar al centro de México. Tras el anuncio del otoño, le tomará unas cuatro generaciones lograr su magno recorrido año tras año. Para esto necesitarán encontrar en su trayectoria plantas hospederas (‘milkweeds’ o algodoncillos) así como alimento para las mariposas en vuelo.

Escapar del recio invierno norteño explica su necesidad migratoria. La monarca encuentra refugio en los bosques mexicanos de la zona de Michoacán a 2,800 metros sobre el nivel del mar. Llegar allí requiere enfrentar diversos desafíos, desde depredadores naturales como sobrevivir zonas abusadas con plaguicidas o bosques destruidos a lo largo de sus corredores ecológicos.

Aún así, este pequeño insecto de alas frágiles vence la física para llegar a su refugio mexicano a la puesta de noviembre. Allí permanecerán hasta que el equinoccio de primavera marque la hora de retomar vuelo al Norte.



En ese ir y venir migratorio –cual mapa y brújula en mano– la maravilla ecológica de las monarcas es un fenómeno simplemente increíble de observar. Tuve la fortuna de presenciarlo recientemente y, al conocerlo, la hija del prisionero político puertorriqueño Oscar López Rivera me escribiría: “Ahora comprendo por qué es el viaje soñado por mi Querido Viejo. Un viaje que soñó hacer juntos desde mi nacimiento”.

Las monarcas siguen libres y aguardan –al igual que la mayoría de este pueblo– su excarcelación. La tiranía contra un pueblo tiene muchas caras.

Hay que romper el cascarón. El aprisionamiento de Oscar es una clara señal de castigo de un imperio que manifiesta su poderío antidemocrático contra un pueblo falto de soberanía. Con 34 años de prisión, desconozco su destino. Sin embargo, guardo la esperanza de que algún día este pueblo logre su excarcelación y pueda regresar. Y desde aquí emprender su propia travesía que le lleve a conocer una naturaleza viva que no responde a leyes de imperio alguno.


(Para conocer el ciclo de las mariposas puedes visitar el mariposario de Casa Pueblo en Adjuntas o a la profesora Marisol Dávila en el mariposario Tanamá en la UPR de Utuado).

Congo, su lucha anti extractivista y cómo no terminar en la boca de un elefante en la selva africana

Por Arturo Massol Deyá Para llegar al Congo se requiere de un espíritu de despojo verdadero, o sea, deshacerse de los miedos y de las malas...